A propósito del cine

a proposito de niza

A propósito de Niza, Jean Vigo (Francia, 1930)

En 1929, Denis Arkad’evic Kaufman, más conocido por su seudónimo Dziga Vertov, mostraba al mundo las imágenes de una ciudad, San Petersburgo, y las políticas del estanilismo para convertir el país en una potencia mundial. El resultado fue El hombre con la cámara.
Ese mismo año, Jean Vigo convocó a Boris Kaufman (hermano de Dziga Vertov), para realizar su primer cortometraje. Un año después nacía A propósito de Niza, un documental que también tiene como protagonista una ciudad, Niza. El film se presentaba como una cartografía sobre lo que acontecía en Francia por aquellos años: los efectos de la Gran Depresión todavía no se sentían y la burguesía aún encontraba motivos para divertirse: eran tiempos de vacaciones en la playa.
Ambos realizadores compartían la idea del ‘cine-ojo’: la cámara permitía captar las imágenes con una objetividad que el ojo humano carecía, y el montaje de los extractos de la realidad filmada, posibilitaría dotar de un nuevo significado a las imágenes.
A propósito de Niza se inicia con una toma panorámica – aérea de la ciudad (que bien podría ser “la mirada de Dios”, en referencia a un plano de similares características en Los Pájaros de Hitchcock). Desde lejos se percibe el crecimiento de la ciudad, sus edificaciones paralelas al mar. El plano que le continúa es la llegada del ferrocarril con una pareja de turistas. La ruleta los atraerá y será su perdición hasta encontrarlos en bancarrota. Luego serán arrastrados hacia el descenso, o como propone Vigo a partir de la imagen del movimiento de la marea, a las profundidades. A su vez, ésta traerá nuevos visitantes a la costa. El ciclo se repite. Lúcida metáfora sobre cómo funciona y se estructura el ocio en nuestras sociedades.
Vigo muestra cómo se prepara esta ciudad del sur de Francia para recibir a sus huéspedes. Es la víspera del Carnaval, y sus habitantes trabajan para montar el espectáculo: se baldean las veredas, se arman los muñecos de las comparsas, se limpian las mesas de la plaza. Los planos aberrantes de los edificios parecieran acomodarlos, como si éstos estuviesen patas arriba.
Con la llegada de los comensales, la ciudad se pone en marcha: éstos pasean, disfrutan del sol en la plaza. La profundidad de campo permite observar los desplazamientos, cual hormigas, de los recién llegados y el límite que la separa de la playa (prácticamente vacía). Mezclados entre los turistas aparecen, en el mismo plano, quienes trabajan para el entretenimiento de una clase. La alteridad es captada por la cámara de Vigo.
A todo plano le corresponde su contraplano. Lo mismo podría decirse con respecto a una ciudad, en este caso, de Niza. Vigo enfatiza esta idea mostrando el reverso del esplendor y la superficialidad: imágenes del ocio de las clases trabajadoras, sus locaciones, sus vestimentas, sus deportes, sus alimentos. Y es por medio del montaje a través del cual Vigo hace dialogar a las imágenes, relacionarlas dialécticamente. Asimismo, éstas se combinan con otras que no necesariamente pertenecen al mismo acontecimiento observado. Ejemplo concreto es la imagen de los cocodrilos, la del avestruz, el contrapicado de la palmera. Montaje de atracciones denominaba A. Bazin a este tipo de procedimiento, en donde “el sentido no está en la imagen, sino que es la sombra proyectada por el montaje sobre el plano de la conciencia del espectador”.
Es época de Carnaval, la celebración se encuentra en su apogeo y las diferencias parecen esfumarse en esta suerte de celebración colectiva. Todo desemboca en el disfrute de la ocasión. Desfilan las carrozas con sus muñecos, vuelan las flores de un lado a otro de la calle, la gente canta y baila. Un grupo de muchachas seduce con su eufórico baile a la cámara que las observa en contrapicado. El ralenti de la escena tal vez pretende captar ese momento de alegría para la eternidad, momificarlo, como si profetizara el fin de una era y el advenimiento de una guerra.
Finalizada la fiesta, todo vuelve al mismo lugar donde comenzó. Los visitantes se van y sólo quedan vestigios de lo que fue. Como un movimiento circular, quienes trabajaban, en un comienzo, para montar la fiesta, ahora se encargarán de desarmarlo.
Vigo tan sólo filmó cuatro películas. La muerte lo sorprendió joven. Pero sin embargo transformó su cine en un documento de la Historia (s). Salvó en la superficie de la imagen aquello que se encontraba amenazado por la desaparición.

Eva Cáceres

~ por nochedelcazador en Junio 1, 2009.

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